La presión social y familiar sobre una pareja joven en edad de lanzarse de cabeza al mero mundo de la paternidad puede llegar a ser insoportable. El Aina y Bernat ceden, se lanzan como si lo hicieran desde un trampolín. No hay marcha atrás, sólo caída libre, una intensa lucha por superar tropiezos económicos, familiares, emocionales y, sobre todo, para atajar el paso del tiempo, mientras intentan ser feliz.